Todo empezó con una inmersión desde barco, una corriente inesperada y un cabo de descenso que se resistía a ser alcanzado. Un grupo de buzos experimentados, el fondo a más de 20 metros, y una sola consigna que resonaba en cada mente:
¡Agarra el cabo!
No lo agarraron. La corriente ganó la batalla ese día. Pero la calma, la experiencia y el protocolo hicieron lo suyo: boyas deco, ascenso controlado, parada de seguridad. Media hora después, a más de 400 metros de la boya, el barco los recogió y la historia se convirtió en anécdota.
De esa anécdota nació esta web. Un lugar para compartir buceo, transmitir formación y ayudarte a que, cuando llegue tu momento, tú sí agarres el cabo.